Sensualidad en los sentidos

Aportación de Mariel Calvo Loyola para el Instituto Mexicano de la Pareja

La sensualidad es mucho más rica y excitante si la despertamos y percibimos no sólo con la vista y el tacto, sino con todo el cuerpo, también con el olfato, el oído y el gusto, haciendo vibrar cada una de nuestras terminales nerviosas y trasmitiéndolo al cerebro, nuestra mayor zona erógena.

Una de las más conocidas frases sobre el amor dice: “cinco sentidos tenemos, cinco sentidos usamos, cinco sentidos perdemos cuando nos enamoramos”. Pero en lugar de perderlos al enamorarte, te proponemos poner todo el potencial de tus órganos sensoriales al servicio del amor. No en vano el Tantra, el milenario arte oriental de la energía del amor, incluye entre sus guías un ritual de los cinco sentidos.

Sensualidad en todas partes

Cada uno de los sentidos cumple una función diferente y capta diferentes estímulos, aunque en ciertos casos están conectados. El tacto te permite sentir la textura y temperatura de sus manos. El olfato te deja percibir su masculino aroma, el gusto el sabor de su piel, la vista todo lo que los rodea y el oído captar la música sensual.

Estas investigaciones recientes confirman que la sensualidad proviene de todos los sentidos. Saber cómo sacarle partido a todos los sentidos y aprovecharlos para dar y recibir placer es una de las valiosas claves para despertar el deseo y mantenerlo:

El perfume del sex appeal

Investigadores de la Universidad de Cardiff en el Reino Unido aseguran que han descubierto uno de los secretos de la atracción masculina en una sustancia de una variedad de peces. Los expertos estudiaron a cientos de pequeños peces espinosos y descubrieron que algunos machos producen unos fragmentos de proteína llamados péptidos, que las hembras huelen para determinar cuáles son los machos de mejor calidad. Los investigadores usaron esos péptidos para crear un perfume, que untaron en algunos peces machos. Las hembras no pudieron resistir los encantos de los peces “perfumados” pese a haberlos rechazado antes por su deficiencias naturales. Los expertos creen que los resultados de sus estudios pueden aplicarse a otras especies, porque los vertebrados tienen el mismo tipo de sistema inmunológico, aunque los experimentos en humanos podrían ser más complejos y habría que desarrollar un perfume para cada persona, lo cual resulta muy costoso.

Del olfato a la fertilidad

De acuerdo a un estudio de la Universidad Charles en Praga, el olor de las mujeres puede hacernos más atractivas o repelentes ante los hombres según el momento del mes, es decir, cuando una mujer está en el momento más fértil del ciclo menstrual, el olor de su axila es suave, pero cuando tiene la menstruación y no está lista para quedar embarazada, ese olor es agudo y repulsivo. Los investigadores estudiaron a doce mujeres que tuvieron que usar almohadillas en las axilas 24 horas al día, y además tuvieron que dejar de usar desodorantes y hormonas anticonceptivas, y abstenerse de ingerir ciertos tipos de alimentos. Las almohadillas fueron presentadas a 42 hombres que las olieron y calificaron según su nivel de atracción.

Las melodías y la alcoba

Según un estudio psicológico de la Universidad McGill de Montreal, Canadá, la música estimula las mismas regiones cerebrales que los impulsos sexuales, y las regiones del cerebro que tienen un papel decisivo en la elaboración de la música son las mismas activadas durante el orgasmo. Los científicos registraron la actividad eléctrica cerebral de 10 músicos de ambos sexos, quienes escogieron una melodía sin letra que les produjera “escalofríos de emoción”. Se constató que mientras escuchaban la música elegida por ellos, se activaban las regiones cerebrales donde se localizan las emociones que inducen a la euforia.

El poder de una voz seductora

Según una investigación de la Universidad británica de St. Andrews, cuando las mujeres están en su período fértil, prefieren sobre todo a los hombres con tonos de voz graves y profundos, antes que suaves y agudos. Esta preferencia por las voces más masculinas se debe a que las perciben como indicadores de buena salud y mayores posibilidades de éxito reproductivo. Los investigadores descubrieron que cuando las mujeres no están en la fase fértil, se inclinan por voces un poco más agudas que son interpretadas como una señal de hombres más cariñosos y más proclives a estar en una relación de largo plazo. También hallaron que las mujeres atractivas no cambian su preferencia según la etapa del ciclo menstrual, quizá porque les resulta más fácil establecer relaciones estables con hombres de voz grave, un indicador de altos niveles de testosterona.

Sexo y gastronomía

Según la última encuesta de la Asociación Española para la Salud Sexual, la cena romántica es el prólogo preferido de los europeos para sus relaciones sexuales, y más de la mitad de ellos ha invitado a su pareja a cenar con este fin. Según el sexólogo y gastrónomo Ángel Ruiz Ejarque, “disfrutar de una cena romántica puede establecer un marco ideal para crear la complicidad necesaria e iniciar una posterior relación sexual plena sin ansiedad, lo que deriva en una mejor disposición para los preliminares”. Desde la antigüedad, muchas comidas han sido usadas o mitificadas por sus propiedades para aumentar la capacidad sexual. Casi una cuarta parte de los encuestados cree en los atributos afrodisíacos de ciertos alimentos, principalmente los mariscos, el chocolate y la canela.

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La mujer en la segunda etapa de su vida

Aportación al IMP por Juan Antonio Díaz Becerra

Por mucho tiempo se había sostenido que las experiencias infantiles, y a lo sumo las de la adolescencia, eran los cimientos esenciales en los que se basaban las vivencias de la adultez, pero la mitad de la vida, entre los 35 y los 45 años aproximadamente, señala un punto crucial de cambio en el desarrollo del ser humano que debe ser considerado.

La vida humana puede compararse con el recorrido del sol. Por la mañana asciende e ilumina el mundo. Al mediodía alcanza su cenit y sus rayos comienzan a disminuir y decaer. La tarde es tan importante como la mañana. Sin embargo, sus leyes son distintas. Para el ser humano esto significa el reconocimiento de la curva vital que desde su mitad ha de ajustarse a la realidad interior en lugar de la realidad exterior. Ahora se exige la reducción a lo esencial, el camino hacia lo interior, la introversión en lugar de la expansión.

Esto plantea a la mujer, objeto de este artículo, un sinfín de tareas que sí fuera posible generalizar serían:

  • Deberá, en lugar de estar como hasta entonces a la escucha de las expectativas del mundo, prestar su oído a la voz interior y poner manos a la obra del desarrollo de su personalidad interior.
  • Dejar de aferrarse crispadamente a su personna (Mascara), a la identidad sin humor, a la profesión, a las ocupaciones, a lo conocido, a lo habitual (de ahí el apego a aspectos o cosas que pueden dificultar su individualidad). Esto implica, centrarse en lo relevante, en lo esencial, en sí misma.
  • Se debe aceptar la sombra (lo inconsciente), aquellos aspectos de la personalidad que durante la primera mitad de la vida habían sido rechazados. Pero es frecuente que en la segunda mitad de la vida, la mujer cree que por fin se puede vivir lo reprimido. Pero en lugar de integrarlo se cae victima de lo no vivido y se reprime lo hasta entonces vivido. Así permanece la represión y solamente cambia de objeto. Con la represión continúa la perturbación del equilibrio. Se sucumbe al error pues un valor opuesto ha abolido el valor que hasta entonces tuvo vigencia. Pero ningún valor ni ninguna verdad de nuestra vida se puede negar sin más con su contrario sino que más bien son correlativos. Con ello, se puede observar que lo que se debe hacer en la segunda mitad de la vida no es vivir lo rechazado, lo no vivido, sino integrar ambas cosas: lo vivido (que nos da experiencia) y lo no vivido (los deseos), lograr una unidad, una totalidad.
  • En la segunda mitad de la vida la mujer debe confesarse y decirse que todo lo que le atrae del hombre lo lleva en si misma. Descubrir que tiene muchas capacidades que no ha explorado ni explotado, y que ello la pudieron haber conducido a que dependiera enormemente del hombre (padre, esposo, etc.).
  • Para la mujer, en esta etapa de su vida, las exigencias laborales, ascéticas y morales son importantes para salir desde su ser maternal, cobijante y protector y llegar al empeño práctico y a la responsabilidad.
  • El verdadero problema que el ser humano enfrenta en la segunda mitad de su vida es, en última instancia, su actitud ante la muerte. La curva psíquica de la vida en su declinar marcha hacia la muerte. Es frecuente que la mujer, en lugar de mirar hacia adelante, a la meta de la muerte, mire hacia atrás, al pasado. Mientras deploramos que un hombre de treinta años mire nostálgicamente a su infancia y permanezca pueril, la sociedad actual admira a las mujeres maduras que tienen aspecto juvenil y se comportan como jóvenes. Un signo típico de la angustia ante el futuro en la mujer es el aferrarse al tiempo de la juventud. ¿Quién no conoce a esas conmovedoras personas que evocan constantemente sus tiempos de estudiantes y que solamente en esa memoria de sus heroicos tiempos homéricos pueden encender la llama de la vida, pero que por lo demás están acartonados en un filisteismo sin esperanza?

Es indudable que estas no son las únicas tareas que la mujer debe enfrentar en la segunda mitad de su vida, sino son simplemente para que la mujer reflexione sobre sí misma y empiece el largo camino de su autodescubrimiento. Una tarea llena de riesgos, pero también llena de promesas. Exige menos conocimientos psicológicos y más autoconocimiento y reflexión.

A medida que la mujer vaya despertando de su largo letargo y se vaya sacudiendo las cadenas impuestas por el hombre y la sociedad, se irá dando cuenta de dos cosas: primero, que no es tan difícil ni tan arriesgado romper con lo establecido. Segundo, que la base fundamental de su confinamiento, los “valores” religiosos y morales tradicionales, el temor al castigo “divino”, es una pura patraña inventada por el hombre que se sacó de la manga un “dios machista” y toda una serie de preceptos obligatorios.

Entonces, a la mujer sólo le queda un último escollo, ella misma, pero paradójicamente el resultado de esta autoconfrontación es aceptarse a si mismas, ser capaces de reconciliarse consigo mismas y por ello se reconcilian también con las circunstancias y los acontecimientos contradictorios.

Así, la liberación que la mujer debe lograr en la segunda mitad de su vida pasa por el reencuentro con Dios (No un Dios externo, impuesto, sino el descubrimiento de la disponibilidad para volverse hacia el interior para oír al Dios que está en nosotros), descubriendo su naturaleza femenina, y por la potenciación de lo femenino, energía que deberá envolverlo todo, compenetrarlo todo, y que implica que muchos conceptos y valores sean transformados, incluso en la mente de la misma mujer, porque su forma de pensar, y de vivir, emana de una educación machista, siendo en muchos casos, la mujer, la primera en poner trabas a su propia liberación.
La liberación de la mujer ya está en marcha y no tiene vuelta atrás. Y aunque todavía quede la mayor parte del camino por recorrer, ya surgen atisbos de lo que será un mundo en el que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde.

LA MUJER Y LA SATISFACCIÓN MARITAL (Conclusión).

Conclusión

Mariana Margalef Mendoza
Aporte para el Instituto Mexicano de la Pareja

 

http://tiempodemujer.files.wordpress.com     A través de las tres publicaciones pasadas, hemos expuesto que se puede inferir que la satisfacción marital, es la actitud que el sujeto tiene hacia su relación marital y hacia su cónyuge y que su evaluación está sujeta a factores internos (rasgos de personalidad, valores, creencias, etc.) y a factores externos (como por ejemplo el nivel de comunicación que se experimente con el cónyuge).

Además, se puede considerar que la satisfacción que experimente la mujer en su matrimonio depende de una diversidad de factores, entre los cuales se encuentran los siguientes:

  • Los valores y las creencias que la mujer tenga sobre la institución matrimonial, en este sentido entre más conservadora sea su escala de valores, pudiese ser que la conlleve a sentirse más satisfecha en dicho estado civil.
  • La idealización que siga manteniendo y conservando de su pareja (que mantenga de una forma u otra lo que la sociedad dicta como “un buen marido”).
  • De que si tiene que trabajar, sea más bien por desarrollo personal y no por necesidad (trabajo voluntario).
  • Del número y edad de los hijos.
  • Del ciclo vital de la pareja por la que estén atravesando (duración del matrimonio).
  • Que se dé una relación de “compañerismo” con el cónyuge.
  • Que sean satisfechas sus necesidades de afecto y sexuales (con lo cual la mujer reduce la posibilidad de buscar una relación extra marital).
  • Que experimente fuertes sentimientos de seguridad dentro de su matrimonio.
  • Un nivel adecuado de celos pues implicaría “un deseo de seguir cerca de la persona adecuada”.
  • Por la presencia de diversos rasgos de personalidad que señalen un manejo estable de las emociones. Las personas satisfactoriamente casadas se caracterizan como emocionalmente estables, consideradas por otros como dóciles, sensibles. Seguras de sí mismas y emocionalmente dependientes. Así mismo, hay que considerar la autoestima, la competencia personal, la orientación al logro
  • De un nivel adecuado de comunicación, que sea reflejo de un grado satisfactorio de intimidad.
  • De la vida espiritual compartida entre los miembros de la familia.
  • De la capacidad del sistema familiar para mantener los límites lo suficientemente permeables que le faciliten a la mujer involucrarse e interactuar fuera del sistema familiar. Lo cual señalaría el hecho de que la mujer ya no quiere que su único rol sea dentro del hogar.
  • Verse libres de un nivel patológico de estrés. Es indudable que estos aspectos, no son los únicos que influyen en la satisfacción marital de la mujer, pero pueden ser considerados como un inicio para seguir reflexionando sobre el tema y para planear investigaciones que confirmen o rechacen estos supuestos.

Además, sea como sea, queda reflejado que el nivel de satisfacción marital que la mujer experimente dentro de su matrimonio se relacionara con su calidad de vida.

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