EL ARTE COMO TERAPIA

 

Por: María Dolores Nava Trejo

La arteterapia es un tipo de terapia psicológica que utiliza el arte como herramienta de estimulación cognitiva y desarrollo personal. La terapia con arte engloba a todas las artes sin excepción, y las convierte en instrumento de comunicación entre el paciente y el terapeuta. Por tanto, la terapia artística tiene dos usos diferenciados. Por un lado “el arte como terapia”, trata de ser un proceso terapéutico que de modo espontáneo y creativo pueda llevar a la realización personal y el bienestar físico, mental y emocional. Por otro lado, se presta especial atención a la producción artística, ya que es una forma de comunicación simbólica, no verbal, de percepciones y conflictos que quizás no sean expresados por medio del diálogo y de esta forma pueden ser identificados y resueltos.

Es una profesión establecida en la salud mental que ocupa los procesos creativos de la realización de arte para mejorar el bienestar físico, mental y emocional de individuos de todas las edades. Está basado en la creencia de que el proceso creativo relacionado con la autoexpresión artística ayuda a la gente a resolver conflictos y problemas, desarrollar habilidades sociales, controlar el comportamiento, reducir el stress, aumentar el autoestima y la autoconciencia, y alcanzar la introspección”.

La arteterapia está especialmente indicada para aquellas personas que, en virtud de la enfermedad o disfunción que padecen por una u otra razón (neurológica, psicológica, lingüística, cultural…), tienen dificultades para articular sus conflictos verbalmente. La imaginería artística permite explorar y reelaborar los sentimientos, fantasías, experiencias y recuerdos. Obviamente, se puede llegar a un proceso de comunicación verbal a partir de la creación para asociar la expresión plástica y profundizar en sus contenidos, siempre y cuando el usuario quiera y pueda hacerlo. Sin embargo, la esencia del mensaje se transmite mediante imágenes. De este modo, la ventaja de la arteterapia consiste en que se puede hablar del conflicto sin hacerlo directamente, respetando así las defensas de las personas. El lenguaje de las imágenes es más indirecto y, por este motivo, puede proporcionar más seguridad. Esta posibilidad que ofrece el arte para la expresión indirecta en un contexto terapéutico se ha denominado, en arteterapia y en todas las terapias creativas (danza, drama, musicoterapia), el distanciamiento estético.

EL papel del artereapeuta

El papel del arteterapeuta consiste en ayudar a estimular el proceso creativo de la persona, acompañarla en la creación, ofrecer para este trabajo un marco favorable, seguro y continuo, creando una relación empática triangular: terapeuta-obra-usuario. Para poder crear, las personas tienen que sentirse seguras y reconfortadas. Aquí es pertinente el concepto del espacio potencial de Winnicott (potential space). Para facilitar este espacio, es esencial que el arteterapeuta acoja las producciones gráfico-plásticas sin juzgarlas según los criterios estéticos de la Academia y que se abstenga de inmiscuirse en el proceso creativo del usuario y evite imponer sus propias preferencias estéticas. Es en estas condiciones cuando se consigue sostener la capacidad de simbolización y, asumiendo el papel de creador, el individuo tiene la oportunidad de aumentar la confianza en sí mismo.

El arteterapeuta observa tanto las obras como -sobre todo- el proceso creativo. Se trabaja bajo el principio de la confidencialidad, por eso no se ha de tratar de llevar las obras creadas en un marco arteterapéutico a la esfera pública, en forma de exposiciones o vídeos. Entrar en una dinámica de exposicionismo pervertiría el objetivo, ya que una exposición nunca permite ver el proceso creativo terapéutico ni todo cuanto ha surgido alrededor de la obra. Más bien se posibilitan “formas de apropiación subjetiva de métodos artísticos” que vayan “más allá del régimen de visibilidad” (Ribalta, 2004), desmarcándose de la sobrefuncionalidad o incluso instrumentalización del proyecto artístico supuestamente valorizado en el momento expositivo.

En cuanto a la orientación teórica, la perspectiva psicodinámica es la más utilizada, principalmente las teorías de Melanie Klein y Donald W. Winnicott, que predominan en el mundo arteterapéutico anglosajón, cuna histórica de dicha disciplina. Pero también hay otras vertientes, tanto las de las otras escuelas psicoanalíticas como de otras orientaciones psicológicas y psicoterapéuticas (véanse las variedades en el libro de Judy Rubin, Approaches to art therapy, 2001).

Los arteterapeutas participan en los equipos profesionales multidisciplinares de las instituciones públicas y privadas. Como disciplina académica empezó a desarrollarse en Estados Unidos a partir de los años cuarenta. En este país, al igual que en Gran Bretaña, Israel y Canadá hay unas leyes y requisitos estrictos que controlan la práctica profesional, con acreditaciones diferenciadas entre recién graduados, profesionales y supervisores. Se desarrolla una participación en las investigaciones académicas sobre las terapias creativas; en cuyas respectivas publicaciones destaca la revista científica americana The arts in psychotherapy.

Además de todo lo expuesto, resulta imprescindible el ejercicio continuo de análisis crítico alrededor de los términos terapia, arteterapia, arte y las prácticas psicológicas. Para no participar en unas dinámicas normalizadoras y en la producción de subjetividades dominantes, las lecturas habituales de las ciencias sociales como Goffman, Becker, Foucault, Bourdieu, Butler, entre otros, son esenciales. Las propias conceptualizaciones deberían reflejarse en publicaciones y en la participación activa en foros y debates internacionales sobre la cuestión de la profesión.

Referencias:

Diálogos entre arte y terapia (Gedisa, 2011)

 

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¿Sabes que ocurre en tu cerebro cuando meditas?

Por: Maria Dolores Nava Trejo

De unos años para acá la meditación se ha puesto de moda y, específicamente, la meditación de atención plena o mindfulness. Se comenzó a difundir principalmente para reducir el estrés, a través de un programa de ocho semanas desarrollado por Jon Kabat-Zinn, y los efectos benéficos que experimentaban quienes participaban en estos programas llamaron la atención de los investigadores. Se ha visto que la práctica de la atención plena o mindfulness no sólo reduce la tensión emocional, sino que aumenta la experiencia de emociones positivas, permite que las personas estén más enfocadas y menos ansiosas. Sin duda, el pionero en el estudio de los efectos de la meditación de atención plena en el cerebro es el Dr. Richard Davidson, investigador del Center for Healthy Minds, de la University of Wisconsin-Madison, quien es un especialista en la neurociencia de las emociones y los estilos emocionales. En su libro The Emotional Life of Your Brain (2013) cuenta cómo, al observar los patrones de actividad cerebral obtenidos por medio de resonancia magnética de monjes budistas (entre ellos el Dalai Lama y Matthieu Ricard), se dio cuenta de que diferían de los de personas que llevaban menos años practicando la meditación, de los principiantes o los de personas que no habían meditado nunca. Aunque se puede saltar a la conclusión de que es la meditación la que cambia la actividad cerebral, para poder afirmarlo necesitaba hacer una investigación en la que los participantes aprendieran a meditar y se pudieran comparar con un grupo de control. Su oportunidad llegó en 1999. En ese estudio pudo probar los efectos del programa de mindfulness para la reducción del estrés (MBSR-Mindfulness-Based Stress Reduction), creado por Kabat-Zinn. En esa época se sabía muy poco de los efectos biológicos de la meditación y este fue el primer estudio aleatorio que buscaba descubrirlos.

La habilidad de atender el presente

El programa consistió en ocho sesiones de dos horas y media de duración, impartidas semanalmente, con un retiro de meditación en la semana seis. Los voluntarios fueron empleados de una compañía de biotecnología cerca del Center for Healthy Minds, quienes se distribuyeron al azar en un grupo experimental y un grupo de control. Con base en la definición de mindfulness de Kabat-Zinn como la atención al momento presente, sin juzgarlo, las prácticas incluyen centrar la atención en la respiración y escanear el cuerpo o saborear con atención plena. Uno de los primeros hallazgos fue que los síntomas de ansiedad disminuyeron alrededor de 12% en el grupo de meditadores, mientras que aumentó en el grupo de control. El grupo experimental también mostró mayor actividad en el lóbulo frontal izquierdo; de hecho, al comparar sus registros, la actividad se triplicó con respecto a sus niveles iniciales. Esto es importante porque las emociones positivas activan el lóbulo frontal izquierdo, mientras que la depresión y la tristeza activan el lóbulo frontal derecho. El grupo de control, por su parte, tenía menos actividad en el lóbulo frontal izquierdo al paso de las ocho semanas.

La meditación está asociada a un sistema inmune más fuerte

Otra de las pruebas consistió en tomar muestras de sangre de todos los voluntarios en la semana ocho de la intervención. Después se les inyectó la vacuna contra la influenza y posteriormente se les tomó otra muestra de sangre. Los investigadores encontraron que los meditadores produjeron 5% más anticuerpos como respuesta a la vacuna. Esto sería un indicador de que las emociones positivas están asociadas a una mejor respuesta inmune.

La habilidad de atender el presente

El programa consistió en ocho sesiones de dos horas y media de duración, impartidas semanalmente, con un retiro de meditación en la semana seis. Los voluntarios fueron empleados de una compañía de biotecnología cerca del Center for Healthy Minds, quienes se distribuyeron al azar en un grupo experimental y un grupo de control. Con base en la definición de mindfulness de Kabat-Zinn como la atención al momento presente, sin juzgarlo, las prácticas incluyen centrar la atención en la respiración y escanear el cuerpo o saborear con atención plena. Uno de los primeros hallazgos fue que los síntomas de ansiedad disminuyeron alrededor de 12% en el grupo de meditadores, mientras que aumentó en el grupo de control. El grupo experimental también mostró mayor actividad en el lóbulo frontal izquierdo; de hecho, al comparar sus registros, la actividad se triplicó con respecto a sus niveles iniciales. Esto es importante porque las emociones positivas activan el lóbulo frontal izquierdo, mientras que la depresión y la tristeza activan el lóbulo frontal derecho. El grupo de control, por su parte, tenía menos actividad en el lóbulo frontal izquierdo al paso de las ocho semanas.

La meditación está asociada a un sistema inmune más fuerte

Otra de las pruebas consistió en tomar muestras de sangre de todos los voluntarios en la semana ocho de la intervención. Después se les inyectó la vacuna contra la influenza y posteriormente se les tomó otra muestra de sangre. Los investigadores encontraron que los meditadores produjeron 5% más anticuerpos como respuesta a la vacuna. Esto sería un indicador de que las emociones positivas están asociadas a una mejor respuesta inmune.

Este estudio pionero mostró que la meditación tiene un efecto biológico y fisiológico en el cerebro, además del efecto en el bienestar psicológico de los participantes.

Referencias:

Davidson, R.; Begley, S. (2013). The Emotional Life of Your Brain. USA: Plume