LA SEXUALIDAD EN LA ADOLESCENCIA

Miriam A. Morales Sánchez OB81M10.jpg

Es de gran importancia que el y la adolescente tengan a su alcance información certera en materia de sexualidad para que pueda explorarla y vivirla de manera responsable y sana.

Las características biológicas de la adolescencia son un notable aumento de la rapidez de crecimiento, un desarrollo acelerado de los órganos reproductores y la aparición de rasgos sexuales secundarios como el vello corporal, el incremento de la grasa y de los músculos, agrandamiento y maduración de los órganos sexuales. Algunos cambios son iguales en ambos sexos, aumento de tamaño, mayor fuerza y vigor, pero en general se trata de cambios específicos de cada sexo (Grace 2009).

ACTITUDES Y CONDUCTA SEXUALES

En la niñez media y la tardía los niños se reúnen sobre todo en grupos de compañeros del mismo sexo, pero en una forma neutral desde el punto de vista sexual. Sin embargo, en la pubertad los cambios biológicos del adolescente se caracterizan por un interés en el sexo opuesto y la necesidad de integrar la sexualidad a otros aspectos de su personalidad. Por tanto, los adolescentes comienzan a establecer relaciones en las que el sexo desempeña una función central. El desarrollo de la identidad de género comprende actitudes, conductas y relaciones cambiantes (Grace 2009).

Hay diferencia en la sexualidad en las distintas edades de la vida. Los adultos distinguen los deseos y sentimientos sexuales de otros sentimientos, sin embargo, las niñas y niños aprenden esto poco a poco, mientras que en los adolescentes repercuten con fuerza los sentimientos sexuales; ellos sienten que la actividad de sus genitales es demasiado abrupta, incontrolable y tratan de averiguar si continúan así (Fraga 2000).

No saben que paulatinamente se irán haciendo más dependientes de la voluntad y se establecerá un equilibrio entre deseos, afectos y respuestas espontáneas de su organismo (Ortega 2000).

ACOMPAÑAMIENTO EN ESTA ETAPA EVOLUTIVA CON LOS ADOLESCENTES

Conocer esto genera tranquilidad en cuanto a las conductas esperadas para la edad, así como también los modelos que la posmodernidad nos impone. Es fundamental hacer énfasis en los sentimientos que experimenta el adolescente y generar confianza para que tome conocimiento de su cuerpo y emociones y poder construir desde lo auténtico y genuino, respetándose y valorándose.

Es importante entonces el conocimiento adecuado de las características de esta edad y de las exigencias que las nuevas condiciones de vida plantean a la personalidad que se desarrolla y a los que están responsabilizados con estimular y dirigir sus conocimientos y educación (León 2000).

Por educación sexual en nuestra sociedad entendemos preparar a las jóvenes generaciones para el amor y el matrimonio, la familia y la vida en pareja, en el principio de igualdad de derechos y deberes del hombre y la mujer. (Del río 1993).

La educación sexual debe formar parte de cada individuo, que incluye los conocimientos y habilidades que exigen de cada ser humano, la vida en pareja y familia; debe estar orientada a preparar a las nuevas generaciones a fin de que puedan desarrollar relaciones de pareja estable, duraderas y felices, así como educar a sus hijos en los principios de nuestra sociedad socialista. (González Hernández 2000).

Este escenario también se ve atravesado por influencias exteriores. Los medios masivos de comunicación bombardean permanentemente con propuestas que distorsionan la realidad de los vínculos, las identificaciones y los modos de relacionarse que van pautando la forma de vivir la adolescencia.

Dentro de dichos patrones, la cultura posmoderna en la cual nos encontramos promueve entre otras cosas el poco compromiso, lo desechable, el consumo por sobre el ahorro, lo fácil sobre el esfuerzo, la exterioridad corporal y la imagen sobre el encuentro. También se fomenta una cultura “adolescéntrica” donde los adultos tienden a parecerse a los adolescentes. Todos estos cambios no hacen más que confundir los vínculos que los adolescentes mantienen con sus padres ya que no existe la adultez como modelo a seguir.

HABLAR CON ELLOS SOBRE SEXUALIDAD

Para entablar una charla distendida pero comprometida sobre temas que involucran la sexualidad el diálogo debe darse de forma natural, espontánea, sin ser invasivos, respetando los tiempos de cada uno, preguntando hasta donde vemos que nos van a contar pero sin que se convierta en una exigencia la espera de una respuesta. Puede pasar que la pregunta tome por sorpresa o no se sepa qué contestar en ese momento, pero seguramente, si no se manifiesta presión y se muestra distensión y naturalidad, al poco tiempo vendrá la respuesta. Si esto no ocurre en una primera instancia, siempre existe la posibilidad de tocar el tema nuevamente, una vez procesada y analizada la información que se manejó en esa primera instancia.

Es importante saber identificar las señales de alarma. La adolescencia es tiempo de experimentación, de prueba. A veces esa experimentación incluye comportamientos arriesgados que hay que saber detectar: temas relacionados con el alcohol, las drogas, tabaco o el sexo. Anticiparse a conversar antes de que se exponga favorece las conductas responsables. Hay otros comportamientos que, sin implicar riesgo alguno, pueden molestar a los padres, como ser teñirse el cabello, la elección de un vestuario algo extravagante, escuchar determinados estilos musicales, etc. Lo importante es relativizar y ponerse firme con situaciones que realmente pueden ocasionar daños y no hacer tanto hincapié en límites por situaciones probablemente pasajeras. Pensemos que la necesidad de sorprender es parte del acontecer adolescente.

Es esencial tener presente que la edad de inicio debe ser una decisión personal basada en el conocimiento y nunca deber ser tomada como un imperativo. Esto hace necesario el conocimiento de las propias necesidades y una buena educación para así ser capaz de gozar una sexualidad plena, saludable y comprometida (consciente). Es fundamental que la elección – tanto de la iniciación sexual así como del sexo casual – se haga en base al deseo propio y no a modo de rito, como pasaje de un estatus a otro donde estarán a salvo de las burlas y críticas de sus pares. Para ello la confianza en uno mismo es pilar fundamental para poder sostener sus decisiones.

Todos estos cambios que van experimentando implican ir dejando atrás la dependencia de los padres para ir logrando un mayor grado de autonomía. Para lograr tal autonomía es necesario generar condiciones que habiliten este proceso: escucha, comprensión, tolerancia, espacios de diálogo. Dicho proceso, que comienza desde la infancia, implica acompañar al adolescente, comprender sus necesidades, darles el lugar que precisan y al mismo tiempo que se especifican los límites. Poco a poco el adolescente comienza a conocer sus derechos, sus necesidades y actuar en consecuencia.

Lograr la autonomía desde el campo de la sexualidad implica la capacidad de negociar sexualmente con un otro desde un lugar de equidad. Para ello es necesario conocer y dar sentido a las propias necesidades sexuales y buscar formas propias de satisfacción, respetando y cuidando el propio cuerpo así como las decisiones que se toman en consecuencia. La capacidad y el poder para tomar decisiones en la vida sexual promueven sujetos autónomos e integrales también en otras áreas. Es necesario brindar al adolescente acceso a información calificada, servicios de salud en el área sexual y reproductiva así como espacios confiables para dialogar.

La educación sexual es un gran aporte a la formación humana: ayuda a conocer el cuerpo, a reflexionar sobre las emociones que surgen (que se encuentran en íntima relación con los cambios

físicos y psíquicos). Favorece la diversidad, la aceptación de uno mismo y del otro en sus legítimas diferencias para respetarnos y respetar los deseos del otro.

La comprensión de las necesidades y vivencias de los adolescentes, así como la educación en sexualidad es crucial tanto para padres como para hijos, ya que favorece el diálogo y fortalece el vínculo familiar. Cuanto más conozcan los adultos acerca de esta etapa y el adolescente sobre los propios cambios que está atravesando será más factible que logren disfrutar de una etapa de muchos cambios y aprendizajes.

REFERENCIAS

Alfonso Fraga JC. 2000. Crecimiento de la población. México.

Del Río. 1993. Prevención de enfermedades de transmisión sexual y sida mediante el uso del condón. Salud Pública de México. México.

Gindin León R. 2000. La mirada sexológica: errores en medicina y sexología. México. Paidos.

González Hernández A. 2000. Una pedagogía de la diversidad y la equidad. México.

Grace J. Craig. 2009. Desarrollo Psicológico. México. Pearson Educación.

Roque Ortega 2000. Rol de género en adultos mayores

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