LUCHA LIBRE “Ritualización social de la agresión”

De Concepción Arroyo Martínez para el Instituto Mexicano de la Pareja

“Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa”  Octavio Paz.

Aparece sobre el ring el luchador: un NARCISO, en busca de su self object espejeador: EL PÚBLICO.  Los reflectores, los aplausos y las mentadas, le reconocen y le espejean. Trae consigo bellas mujeres y está untado de aceites, para que su ELLO se nutra de placer. Trae también a su inseparable otro yo: LA MÁSCARA, expresión de la personalidad suprarreal del hombre, su OTRO NOMBRE, porque el que le sirve para la vida cotidiana sería incapaz de revelarlo, “el no se raja”, el es un macho y éste es un deporte viril y no cosa de damas “ellas si se rajan”. Revelar su verdadera identidad sería como castrarlo: restarle hombría.

“El macho es un ser hermético, encerrado en sí mismo capaz de guardarse y guardar lo que se le confía”

Por esto él lucha por su vida a máscara contra caballera. El cuerpo es su herramienta, como lo era el de los guerreros prehispánicos y el salto, la patada, el golpe y la mordida son su defensa y en estos como en los otros, el miedo, la herida, la mutilación, la muerte. Igual que nuestros antepasados guerreros, estos ídolos del pueblo, son atletas de arduo entrenamiento aunque a los actuales luchadores la egolatría los pierde.

El luchador, lleva en él a un niño introvertido, dolido y temeroso que logra en la “ritualización social de la agresión” expresar la violencia reprimida a través de un PERSONAJE que le da fuerza y lo vive como si fuera el mismo: otro self-object. La ritualización está llena de glamour y es espectacular. Él es el protagonista.
Todas las miradas y expectativas están puestas sobre él. Son superhombres, héroes, crueles y despiadados y si el héroe gana, gana su admirador, si él pierde ya podrá cobrar venganza, con el espectador de junto que sí ganó.“El mexicano en sí considera la vida como lucha y mientras otros luchan abiertamente para el combate; nosotros acentuamos el carácter defensivo, listos para repeler el ataque”.

El público pasa de admirar e idolatrar a su luchador, a subirse al ring junto con él y llevar así su propia lucha: su propia catarsis y su propio ESPEJEO. Ahora es el espectador el que lucha y es reconocido o admirado a partir de los logros del Otro, “el otro que soy yo mismo” dice Octavio Paz, aquel que le responde sin pedirle nada a cambio.

Todos son ya parte del espectáculo, parte de este sutil enredo psicológico y así el público también libera la violencia reprimida y forma parte de este ritual social de agresión permitido. “Es mejor liberarlo aquí que llegar a gritarle a la señora” y “así sacamos la neurosis” se dicen unos a otros para justificar la liberación de su rabia: su enojo. Al mismo tiempo vemos que es el público femenino el que más vive está liberación, se transforman en otras que no son las mujercitas de su casa, aquí se pueden portar “como quieren” y “no como deben”, se vuelven machas y artemisas, aquí quieren demostrar que ellas “tampoco se rajan”, que su animus les habla, le entran al espejeo, al grito y a la mentada.

Tenemos arriba del ring la confrontación de las dos polaridades, un juego de fuerzas cósmicas: el BIEN Vs. el MAL, aquí luchan, nunca se integran o fusionan, porque “yo soy esto, no soy aquello”; el JAGUAR Vs. el AGUÍLA, el AGUA Vs. el FUEGO cuya parte más real es el sufrimiento y el dolor. En donde además por identificación, la SOMBRA se le escapa tanto al espectador como al luchador.

La forma se da en ademanes estereotipados en donde se evoca la no aceptada derrota, porque el héroe nunca pierde: el macho nunca se raja.

“Las malas palabras y los chistes caen como cascadas de pesos fuertes. En ocasiones, es cierto, la alegría acaba mal: hay riñas, injurias, balazos, cuchilladas. También esto forma parte de la fiesta. Porque el mexicano no se divierte: quiere sobrepasarse, saltar el muro de la soledad que el resto del año le incomunica. Todos están poseídos por la violencia y el frenesí. Las almas estallan como los colores. Las voces, los sentimientos ¿Se olvidan de sí mismos, muestran su verdadero rostro? Nadie lo sabe. Lo importante es abrirse paso, embriagarse de ruido, de gente, de color.” Octavio Paz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s