Inteligencia emocional en la solución de conflictos afectivos en la vida de pareja

EMOTIONAL INTELIGENCE APLIED TO AFECTIVE CONFLICTS WITHIN THE COUPLE

Publicado por: Olga Patricia Betanzo Mujica.

Aporte del Instituto Mexicano de la pareja (IMP). http://www.ametep.com.mx

Fotografía contenida en http://fashiontips.com.mx/contenido/2011/03/pareja-brava.jpg Resúmen

Por diversos factores, la relación de pareja siempre esta matizada por conflictos y expresiones emocionales, de diversa índole e intensidad.

En muchas ocasiones, la solución, a los problemas cotidianos de la vida matrimonial, se trata de encontrar en el área intelectual, a través del pensamiento.

En cambio, el objetivo de este artículo es demostrar cómo por medio de las habilidades de la Inteligencia emocional se puede lograr una solución más plena de los conflictos de pareja.

Pues a través de la empatía y de compartir los sentimientos, de una manera adecuada, los problemas adquieren otra dimensión y se abren mayores posibilidades de solución.

Descriptores:

Inteligencia Emocional, Conflictos, Pareja, Emociones, Matrimonio.

Abstract

By diverse factors, the relation of pair always this clarified by conflicts and emotional expressions, of diverse kind and intensity. In many occasions, the solution, to the daily problems of the married life, is to find in the intellectual area, through thought. However, the objective of this I articulate is to demonstrate as by means of the abilities of emotional Intelligence a total solution but of the pair conflicts can be obtained. Then to share the feelings, of a suitable way, the problems acquire another dimension and greater possibilities of solution are opened. Description: Emotional Intelligence, Conflicts, Pair, Emotions, Marriage.

Descriptors:

Emotional Intelligence, Conflicts, Couple, Emotions, Marriage.

Introducción

Muchos seres humanos hemos aprendido desde pequeños que el sentimentalismo (el hábito de sentir a flor de piel las emociones y a mostrar en público esa forma de interpretar las vivencias) era propio de personas débiles, inmaduras, con déficit de autocontrol. Además, se ha extendido en nuestro imaginario colectivo el lugar común, machista como pocos, de que las emociones o -más aún- el llanto, pertenecen al ámbito de lo femenino.

De tal suerte, que en la convivencia marital, uno o ambos cónyuges, frecuentemente, se quejan de la inhabilidad del otro o de la propia, para expresar sus emociones; sin embargo, actualmente, va ganando terreno la convicción de que vivir las emociones es un elemento insustituible en la maduración personal y en el desarrollo de la inteligencia.

Siendo que el objetivo de este artículo es mostrar como con la Inteligencia Emocional se puede favorecer una convivencia más sana y adecuada en la vida matrimonial, ya que “mimar” nuestro momento emocional, aprender a expresar los sentimientos sin agresividad y sin culpabilizar a nadie, ponerles nombre, atenderlos y saber cómo descargarlos, es uno de los ejes de interpretación de lo que ocurre en la vida de pareja.

La Inteligencia Emocional

El concepto de Inteligencia Emocional, aunque esté de actualidad, tiene un claro precursor en el concepto de Inteligencia Social del psicólogo Edward Thorndike (citado por Ryback, 2002) quien la definió como “la habilidad para comprender y dirigir a los hombres y mujeres, muchachos y muchachas, y actuar sabiamente en las relaciones humanas”.

También un ilustre antecedente cercano de la Inteligencia Emocional lo constituye la teoría de “las inteligencias múltiples” del Dr. Howard Gardener (citado por Ryback, 2002), de la Universidad de Harvard, quien plantea que las personas tenemos 7 tipos de inteligencia que nos relacionan con el mundo. A grandes rasgos, estas inteligencias son:

El modelo de Inteligencia Emocional que presenta Goleman (1996) fue propuesto por primera vez en 1990 por Peter Salovey, de la Universidad de Yale, y John Mayer, de la Universidad de New Hamsphire (citados por Uzcátequi, 1998), en un libro que no alcanzó tanto éxito como el de Goleman.

Salovey y Mayer (citados por Uzcátequi, 1998) consideran que hay cinco dominios de la Inteligencia Emocional: autoconfianza, autocontrol, persistencia, empatía y dominio de las relaciones. Por su parte, Spencer (citado por Steiner, 1997) formaba cinco competencias muy similares: autocontrol, autoconfianza, orientación al logro, comprensión interpersonal e impacto e influencia.

Sea como fuere, se puede decir que la Inteligencia Emocional es una forma de interactuar con un mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos y engloba habilidades como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una efectiva y creativa adaptación social (Rodríguez y Márquez, 1988).

Así, la Inteligencia Emocional es la capacidad de percatarse de los propios sentimientos, así como de los de los demás y gestionarlos de forma beneficiosa.

Con la evolución y estudio de la Inteligencia Emocional se han identificado dos tipos (Steiner, 1997):

Inteligencia Lingüística: Es la inteligencia relacionada con nuestra capacidad verbal, con el lenguaje y con las palabras.

Inteligencia Lógica: Tiene que ver con el desarrollo de pensamiento abstracto, con la precisión y la organización a través de pautas o secuencias.

Inteligencia Musical: Se relaciona directamente con las habilidades musicales y ritmos.

Inteligencia Visual-Espacial: La capacidad para integrar elementos, percibirlos y ordenarlos en el espacio y poder establecer relaciones de tipo metafórico entre ellos.

Inteligencia Kinestésica: Abarca todo lo relacionado con el movimiento tanto corporal como el de los objetos y los reflejos.

Inteligencia Interpersonal: Implica la capacidad de establecer relaciones con otras personas.

Inteligencia Intrapersonal: Se refiere al conocimiento de uno mismo y todos los procesos relacionados, como autoconfianza y automotivación.

La Inteligencia Intrapersonal, considerada como la capacidad que tiene el individuo de poder entender e identificar sus emociones, además de saber cómo se mueve subjetivamente en torno a ellas. Una vez que la persona conoce su dimensión emocional, comienza a tener mejor y mayor control sobre su vida, lo que redunda en mayor estabilidad y poder de decisión.

Además, en la Inteligencia Emocional se contemplan cuatro componentes (Mayer et al, 2001):

La Inteligencia Interpersonal, se refiere a la capacidad que tiene el individuo de entender las emociones de las otras personas y actuar de manera concordante a ellas.

Es indudable que diversos modelos se han desarrollado para explicar la Inteligencia Emocional (el modelo de las 4 ramas de Mayer et al, 2001; el modelo de competencias de Goleman, 1996), pero para los propósitos de este artículo se desarrolla el modelo multifactorial de Bar on (citado en Vallés y Vallés, 2003):

Este modelo propone que la Inteligencia Emocional está conformada por los siguientes componentes factoriales (CF):

1) C. F. Intrapersonales:

• Autoconcepto: Esta habilidad se refiere a respetarse y ser consciente de uno mismo, tal y como uno es, percibiendo y aceptando lo bueno y malo.

• Autoconciencia Emocional: Conocer los propios sentimientos para conocerlos y saber qué los causó.

• Asertividad: Es la habilidad de expresarse abiertamente y defender los derechos personales sin mostrarse agresivo ni pasivo.

• Independencia: Es la habilidad de controlar las propias acciones y pensamiento de uno mismo, sin dejar de consultar a otros para obtener la información necesaria.

• Autoactualización: Habilidad para alcanzar nuestra potencialidad y llevar una vida rica y plena, comprometiéndonos con objetivos y metas a lo largo de la vida.

2) C. F. Interpersonales:

• Empatía: Es la habilidad de reconocer las emociones de otros, comprenderlas y mostrar interés por los demás.

• Responsabilidad Social: Es la habilidad de mostrarse como un miembro constructivo del grupo social, mantener las reglas sociales y ser confiable.

• Relaciones Interpersonales: Es la habilidad de establecer y mantener relaciones emocionales caracterizadas por el dar y recibir afecto, establecer relaciones amistosas y sentirse a gusto.

3) C. F. de Adaptabilidad:

• Prueba de Realidad: Esta habilidad se refiere a la correspondencia entre lo que emocionalmente experimentamos y lo que ocurre objetivamente, es buscar una evidencia objetiva para confirmar nuestros sentimientos, sin fantasear, ni dejarnos llevar por ellos.

• Flexibilidad: Es la habilidad de ajustarse a las cambiantes condiciones del medio, adaptando nuestros comportamientos y pensamientos.

• Solución de Problemas: La habilidad de identificar y definir problemas así como generar e implementar soluciones potencialmente efectivas. Esta habilidad esta compuesta de 4 partes:

1) ser consciente del problema y sentirse seguro y motivado frente a él.

2) definir y formular el problema claramente (recoger información relevante).

3) generar tanto soluciones como sea posible.

4) tomar una decisión sobre la solución a usar, sopesando pros y contras de cada solución.

4) C. F. de Manejo del Estrés:

• Tolerancia al Estrés: Esta habilidad se refiere a la capacidad de sufrir eventos estresantes y emociones fuertes sin “venirse abajo” y enfrentarse de forma positiva con el estrés. Esta habilidad se basa en la capacidad de escoger varios cursos de acción para hacerle frente al estrés, ser optimista para resolver un problema y sentir que uno tiene capacidad para controlar influir en la situación.

• Control de impulsos: Es la habilidad de resistir o retardar un impulso, controlando las emociones para conseguir un objetivo posterior o de mayor interés.

5) C. F. de Estado de Ánimo y Motivación:

• Optimismo: Es mantener una actitud positiva ante las adversidades y mirar siempre el lado bueno de la vida.

• Felicidad: Es la habilidad de disfrutar y sentirse satisfecho con la vida, disfrutarse uno mismo y a otros, de divertirse y expresar sentimientos positivos.

La Inteligencia Emocional en la Pareja

Por si mismo, se puede observar la importancia de este modelo en la vida matrimonial; sin embargo, es importante ahondar un poco más en las emociones, pudiéndose decir que nuestras emociones se integran en el sistema nervioso en forma de tendencias automáticas. Es así, que nuestras decisiones y nuestras acciones dependen tanto de nuestros sentimientos como de nuestros pensamientos. Nuestras reacciones ante determinadas situaciones, no son solo fruto de un juicio racional, sino también de emociones en forma de impulsos de acción automática.

Desde la antigüedad han existido normas y leyes con el intento de encauzar la vida emocional, pero a pesar de ello, la razón se ve a menudo desbordada por la fuerza de las pasiones.

Cada emoción predispone al cuerpo a un tipo distinto de respuesta, y estas predisposiciones biológicas a la acción son moderadas por nuestras experiencias vitales y por el medio cultural (las diversas culturas no tienen el mismo sentido de la tristeza o de la alegría) (Levy, 1999).

Así, se puede afirmar que cualquier ser humano, por duro y distante que quiera mostrase, anhela el calor del afecto y la amistad, Los sentimientos es lo que pone más de manifiesto el significado de nuestra humanidad. Si falta el sentido lírico de los sentimientos, se podrá componer música o escribir poesía con un alto grado técnico, pero quedará soslayada la vital experiencia de la pasión.

Una fría visión racionalista, desconoce los valores del corazón; la esperanza, la fe y el amor.

Dado que las emociones nos enriquecen, cualquier modelo de la mente que las margine, será un modelo parcial y empobrecedor.

En la práctica de la vida ocurre que personas con un elevado CI, pero con escasa Inteligencia Emocional (IE), están subordinadas a personas con menos CI. En nuestra vida cotidiana es decisiva la Inteligencia Emocional para acertar en la pareja o en el puesto de trabajo (Kinder, 2000).Gottman (citado por Jim et al, 1991) piensa que los diversos sistemas afectados por el conflicto conyugal están tan extendidos por todo el cuerpo que ha denominado a este estado ‘excitación fisiológica difusa’. Dicho de otro modo: ‘ruido psicológico’. Cuando varios índices de excitación fisiológica aumentan, una persona ha entrado en un estado de ‘ruido psicológico’.

Las consecuencias de este estado para el funcionamiento de una persona casada, ha señalado Gottman (citado por Jim et al, 1991), son uniformemente negativas. En principio, un estado de excitación fisiológica difusa, o ruido en nuestra terminología, deteriora la capacidad de la persona para procesar información. Para decirlo sin rodeos, una vez sumidas en el estado de ruido, las personas no son tan lúcidas como cuando están tranquilas. En este estado la memoria se deteriora, y con ello nuestra capacidad de responder eficazmente a la totalidad de los datos que se nos presentan. Y se torna difícil conservar un pensamiento: las reacciones se tornan automáticas, instantáneas. Finalmente, más allá de estas dificultades, la excitación fisiológica intensa también disminuye la capacidad de razonar, un fenómeno que los psiquiatras llaman VOLVERSE CONCRETO.

Una vez que nos hemos vuelto concretos, asignamos valor a las cosas por su aspecto externo; ya no respondemos a los indicios más sutiles y al subtexto de las interacciones sociales, ya no somos capaces de pensar en términos de abstracciones y nuestra capacidad para conceptualizar o proyectar hacia el futuro también disminuye. En el estado concreto las conversaciones entre los cónyuges toman un tono de represalia.

Diferencias Genéricas Ante el Conflicto

El efecto neto de las perturbadoras actitudes negativas en la pareja es crear una crisis incesante, ya que disparan el asalto emocional más frecuentemente y hacen que resulte más difícil recuperarse del daño y la furia resultantes. Gottman (citado por Kassorla, 1987) utiliza el acertado término desbordamiento para esta susceptibilidad a la frecuente perturbación emocional; los esposos o las esposas desbordados están tan abrumados por la negatividad de su pareja y por sus propias reacciones ante esta que se sienten hundidos por sentimientos espantosos y fuera de control. En ese momento, ocurren ciertas diferencias genéricas que hay que tomar en cuenta (Glass, 2001):

Percepción y expresión emocional: Se trata de reconocer de manera consciente qué emociones tenemos, identificar qué sentimos y ser capaces de verbalizarlas. Una buena percepción significa saber interpretar nuestros sentimientos y vivirlos adecuadamente, lo que nos permitirá estar más preparados para controlarlos y no dejarnos arrastrar por los impulsos.

Facilitación emocional: Capacidad para producir sentimientos que acompañen nuestros pensamientos. Si las emociones se ponen al servicio del pensamiento nos ayudan a tomar mejor las decisiones y a razonar de forma más inteligente. El cómo nos sentimos va a influir decisivamente en nuestros pensamientos y en nuestra capacidad de deducción lógica.

Comprensión emocional: Hace referencia a entender lo que nos pasa a nivel emocional, integrarlo en nuestro pensamiento y ser conscientes de la complejidad de los cambios emocionales. Para entender los sentimientos de los demás, hay que entender los propios. Cuáles son nuestras necesidades y deseos, qué cosas, personas o situaciones nos causan determinados sentimientos, qué pensamientos generan las diversas emociones, cómo nos afectan y qué consecuencias y reacciones propician.

Regulación emocional: Capacidad para dirigir y manejar las emociones de una forma eficaz. Es la capacidad de evitar respuestas incontroladas en situaciones de ira, provocación o miedo. Supone también percibir nuestro estado afectivo sin dejarnos arrollar por él, de manera que no obstaculice nuestra forma de razonar y podamos tomar decisiones de acuerdo con nuestros valores y las normas sociales y culturales. Cuando aparece un conflicto entre dos personas, se genera una espiral, o un ciclo, en el que suben sin cesar las paredes de autoprotección, y también las de la defensa y la agresión.

Los esposos son propensos al desbordamiento emocional ante una intensidad de negatividad menor que sus esposas; más hombres que mujeres reaccionan con el desbordamiento ante las críticas de su pareja. Una vez desbordados, los esposos segregan más adrenalina en el torrente sanguíneo y el flujo de adrenalina es disparado por niveles más bajos de negatividad por parte de sus esposas; a los esposos les lleva más tiempo recuperarse fisiológicamente del desbordamiento (Gottman citado por Covey et al, 2002).

La Importancia del Control en la Inteligencia Emocional

Cada emoción fuerte tiene en su raíz un impulso hacia la acción; manejar esos impulsos resulta básico para la Inteligencia Emocional. Esto puede resultar especialmente difícil, sin embargo, en las relaciones amorosas, en las que hay tantas cosas en juego, las reacciones que intervienen aquí alcanzan algunas de nuestras necesidades más profundas: ser amados y sentirnos respetados, los temores de abandono o de quedar privados emocionalmente. No es de extrañar que durante una pelea matrimonial actuemos como si estuviera en juego nuestra supervivencia misma (Singer et al, 1990).

El control de los pensamientos implica que uno no debe creerlos, haciendo el esfuerzo intencional de pensar en pruebas o perspectivas que los cuestionen. Por ejemplo, una esposa que siente que “a él no le importan mis necesidades… siempre es tan egoísta”, podría desafiar el pensamiento recordándose una serie de cosas que el esposo ha hecho y que, en realidad, demuestran su cuidado. Esto le permite a ella reformular el pensamiento como: “Bueno, de vez en cuando se preocupa por mí, aunque lo que acaba de hacer fue desconsiderado y desquiciante para mí”. La última formulación abre la posibilidad de cambiar y de alcanzar una resolución positiva; la anterior sólo sirve para fomentar la ira y el daño.

Cerca de un 50% de matrimonios terminan en divorcios cuando los cónyuges descubren con tristeza que no se han casado con la persona que creían. Dentro del primer año de matrimonio salen a relucir los problemas individuales de Inteligencia Emocional y las incompatibilidades de Inteligencia Emocional y muchas parejas no conocen la manera de abordar esos problemas (Singer et al, 1990).

Por otra parte, se sabe que la capacidad de vivir y manejar las emociones se aprende desde la infancia. Por ello, la familia es la escuela en la que el niño aprende, para bien o para mal, a desarrollar su Inteligencia Emocional. No obstante, los padres no siempre son conscientes de la trascendencia que reviste atender, integrar y conducir las emociones infantiles. Los hijos de familias en que se han cultivado bien las emociones, son más sociables y mejores estudiantes, aunque su “otra” inteligencia, la lógica, no sea brillante. Si bien es cierto que la familia y la escuela son fundamentales en el desarrollo de la Inteligencia Emocional, nunca es tarde para efectuar correcciones y adquirir nuevas habilidades en este terreno.

De tal forma, no olvide tomar en cuenta los siguientes factores, tanto en forma individual como en pareja:

Los hombres ofrecen erróneamente soluciones e invalidan sentimientos mientras que las mujeres ofrecen consejos y orientaciones no solicitadas.

En cuanto al stress: mientras los hombres tienden a apartarse en forma brusca y a pensar silenciosamente acerca de lo que los está perturbando, las mujeres sienten una necesidad instintiva de hablar acerca de lo que las perturba.

Los hombres se sienten estimulados cuando se sienten necesitados, mientras que las mujeres se sienten estimuladas cuando se sienten apreciadas. Hombres y mujeres tienen diferentes necesidades de intimidad. Un hombre se acerca pero luego necesita inevitablemente apartarse en forma brusca. Las mujeres experimentan un movimiento de crecimiento y decrecimiento de sus actitudes afectuosas, en un movimiento afectuoso que se encuentra más allá del dominio de su voluntad.

Los hombres precisan fundamentalmente un amor basado en la confianza, la aceptación y el aprecio. Las mujeres necesitan fundamentalmente un amor basado en la solicitud, la comprensión y el respeto (Gessen et al, 1998). Con ello, estará desarrollando su Inteligencia Emocional, lo que le ayudará a solucionar los conflictos y las vicisitudes de la vida en pareja.

Conclusión

Para que dos personas se enamoren y decidan formar una pareja, deben darse ciertas circunstancias como la atracción física, que se complementen intelectualmente, cierto grado de intimidad emocional entre ambos, acercamiento, deseo de estar juntos, entre otras.

Frecuentemente, la decisión de casarse parte del enamoramiento que no es otra cosa más que una experiencia afectiva muy intensa que lleva a las personas a involucrarse de manera profunda entre ellas y en donde todos los pensamientos e ideas que se tienen del otro, son positivos, irracionales e idealizados. Después de un tiempo de vivir juntos, cada uno bajará la guardia y comenzarán a mostrarse tal cual y como son. Es aquí, entonces cuando comienzan los conflictos. Que generalmente, se ven incrementados por las reacciones que intervienen aquí, ya que algunas alcanzan nuestras necesidades más profundas: ser amados y sentirnos respetados, los temores de abandono o de quedar privados emocionalmente. Y ese es el preciso momento en que podemos enfrentar tales problemas con las habilidades que proporciona la Inteligencia Emocional, para lo cual será necesario que: Trabaje la empatía, abrirse a los demás. Observe y escuche. Fíjese en sus gestos, en su mirada, en su forma de hablar. Aprenda a sentir lo que los demás sienten.

Cultive el autocontrol, sin suprimir las emociones. Estimule la observación y análisis, hasta qué punto esos sentimientos son eficaces para algo. O si hacen daño.

Ofrezca oportunidades para que analicen sus tensiones e instintos. Sin reprimirse, ponga orden y canalícelos.

Rebobine. Después de una discusión o de un día triste, pregúnteles por qué. Si su reacción fue proporcionada, si merecía la pena haberse comportado así.

Busque oportunidades para reír. La risa y el buen humor nos hacen más felices. Y, además, parece que alargan la vida.

Lo cual, indudablemente, dará una perspectiva distinta del conflicto y además se ampliarán las opciones de solución.

Recordando que escuchar y comprender realmente lo que la otra persona está manifestando requiere una concentración sin prejuicios, de forma tal que no proyecten los propios pensamientos o emociones en las palabras del que habla y termine escuchando algo que nunca se le ha dicho. Hace falta motivación y habilidad para comprender las cosas desde el punto de vista de la otra persona. Ya con ello, se estará preparado para un manejo positivo de los conflictos, que incluye:

– Cada uno de los miembros de la pareja debe ser consciente de lo que siente.

– Cada uno expresará sus sentimientos sin culpar o acusar, haciendo posible la respuesta positiva de la otra parte.

– Cada uno escuchará y tratará de comprender claramente lo que el otro ha dicho.

– Cada uno se identificará con el otro.

Así, se aprende que solucionar un conflicto es un proceso de dar y tomar, es decir, que es un método de intercambio de los “haberes” personales e interpersonales de cada miembro de la pareja para lograr la satisfacción de sus necesidades y equilibrar la relación en un sentido amplio del concepto de equilibrio, y que para lograrlo se requieren de factores emocionales, de compartir sentimientos y entender las emociones del otro.

Referencias bibliográficas.

Covey, S.; Merrill, A. y Merrill, R. (2002). Primero, lo primero; vivir, amar, aprender, dejar un legado. Buenos Aires, Argentina: Paidos.

Gessen, V. y Gessen, M. M. (1998). Psicología para todos. México, D. F.: Círculo de Lectores.

Glass, L. (2001). Relaciones tóxicas: 10 maneras de tratar con las personas que te complican la vida. Buenos, Aires, Argentina: Paidos.

Goleman, D. (1996). La Inteligencia Emocional. Buenos Aires, Arg.: Javier Vergara, Editores.

Jim, L. y Laut, P. (1991). Vitalización, la ciencia de disfrutar de toda tu vida. Madrid, España: Edaf.

Kassorla, I. (1987). Atrévase. Barcelona, España: Javier Vergara.

Kinder, M. (2000). Comprenda sus estados de animo. Madrid, Espana: Javier Vergara.

Levy, N. (1999). La sabiduría de las emociones. Barcelona, España: Plaza y Janes.

Mayer, J. D., Salovey, P., Caruso, D. R., y Sitarenios, G. (2001). “Emotional intelligence as a standard intelligence”. Emotion, Vol. 1, pp. 232-242.

Rodríguez E., M. y Márquez A., M. (1988). Manejo de problemas y toma de decisiones. México, D. F.: Manual Moderno.

Ryback, D. (2002). Trabaje con su inteligencia emocional. Madrid, España: Edaf.

Singer, L. y Stern, B. (1990). Etapas en la vida amorosa de la pareja. Barcelona, España: Granica.

Steiner, C. (1997). La Educación Emocional. Buenos Aires, Argentina: Javier Vergara, Editores.

Uzcátegui, L. J. (1998). Emociones Inteligentes: El Manual de la Inteligencia Emocional. Caracas, Venezuela: El Educador.

Vallés, A. y Vallés, C. (2003). Psicopedagogía de la Inteligencia Emocional. Valencia, España: Promolibro.

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