SÍNTOMAS PSICOLÓGICOS DE LA ANDROPAUSIA

Aporte de Marta Cruz para el IMP

Resumen

Es indudable que el período de la andropausia es esencial en la vida del hombre; ya que se enfrenta a un sin fin de circunstancias que le pueden conllevar a presentar síntomas disfuncionales (como la depresión, pérdida de la virilidad, stress, etc.) sin embargo, por mucho tiempo la psicología se ha olvidado de su estudio y análisis. La finalidad de este artículo es adentrarse en esta etapa de la vida desde una perspectiva junguiana.

Menopausia Masculina

Foto contenida en http://sinaddictus.com/wp-content/uploads/2012/05/andropausia1.jpgLa menopausia masculina se inicia con cambios sutiles, que usualmente son atribuidos erróneamente a condiciones de estrés, depresión o cambios de la edad. Este proceso es largo y paulatino, y no termina abruptamente con la capacidad de engendrar vida ni mucho menos con el deseo y el ejercicio de la sexualidad.

La andropausia puede provocar numerosos cambios y síntomas. Ellos pueden presentarse no sólo como signos referidos directamente a la función sexual, como por ejemplo la dificultad para provocar y mantener la erección. También afectan al plano anímico, pudiendo provocar irritabilidad, desasosiego, disminución de autoestima, pérdida de confianza en sí mismo, pérdida de su agresividad innata para los negocios, siente temor ante situaciones que antes eran rutinarias y sus situaciones personales como las de su familia, se ven afectadas.

Algunos otros síntomas psicológicos que provoca éste fenómeno son:

-Insuficiencia de poder masculino: un término subjetivo, pero muy acorde con la experiencia de muchos hombres que sufren la condición. Estaría manifestada por signos como postura no erguida, disminución o quizá más exactamente pérdida de confianza, pose desgarbada, tono de voz vacilante, y un aire de debilidad. Otros signos podrían ser la pérdida del interés en completar proyectos, el no surgimiento de nuevas ideas, y un deseo reducido de competir con otros hombres.

-Depresión: quizás más que cualquier otro síntoma, este parece ser uno que ocurre una y otra vez. La depresión es una mala experiencia en cualquier etapa de la vida, con su tendencia y desmotivar y desenergizar a la persona que la experimenta. Pero cuando un hombre en la edad intermedia sucumbe a su negra garra, está en una situación desgraciada, porque está privado de la motivación que necesita para cambiar su situación. El peligro parece ser que esta depresión se considera como un problema emocional “convencional”, una depresión reactiva, una respuesta a los eventos de la vida, cuando en realidad puede ser el resultado directo de cambios bioquímicos en el cerebro debido a la reducción de los niveles de testosterona (Carruthers, 1976).

A otro nivel de análisis en la menopausia masculina, los hombres perciben en ésta etapa que se encuentran desmasculinizados por su habilidad sexual disminuida (Lozoya, 1999).

De la misma forma en que se manifiesta una merma evidente en las aptitudes físicas de los individuos a medida que envejecen, también se produce una disminución en su rendimiento intelectual. Los cambios cognitivos se relacionan muy probablemente con la desaferentación neuronal y la pérdida de arborizaciones dendríticas. Pero también es posible que se relacionen con el menor rendimiento que se observa en las personas mayores puestas en condiciones de estrés o competición, o con la mayor susceptibilidad a la interferencia y la mayor propensión a presentar estados depresivos o cuadros de ansiedad subclínicos, factores que afectan directamente la atención, la concentración y la memoria (Ollari, 1999).

Es importante anotar, que este período de vida no es enteramente negativo, ya que el hombre al conocer la génesis de los cambios que se producen durante la andropausia, permite percibirlos de diferente manera cuando se presentan. Este proceso puede permitirle replantear a los hombres lo que hasta el momento era su vida sexual, llevándolos a una plenitud sexual. Se establece el ayer (la juventud) y el hoy (la senectud). El ayer en donde solo pensaban en su disfrute, en poder tener el mayor número de eyaculaciones, en donde se presentaba la ansiedad por quedarle bien a la pareja, la urgencia por eyacular y el hoy cuando el hombre se siente en el declinar biológico y sexual busca sacarle partido a otros aspectos de la sexualidad, a los que durante la juventud les restó importancia, como la ternura, la comunicación, el preocuparse ahora por el disfrute y satisfacción sexual de la pareja (Rosalez et al, 2000).

Por su parte, el psicoanalista freudiano Erik Erikson (1902-1994) (citado por Cuelli, 1981), distinguió ocho etapas dentro del ciclo de la vida y denominó “crisis normativa” a cada cambio de fase. Definió la crisis de la edad media como el momento en el que el ser humano necesita “aceptarse a sí mismo”. Un proceso no desprovisto de cuestionamiento y conflicto interno, quizás por primera vez – la persona se plantea frente a viejas ilusiones, con la idea de averiguar que sucedió con lo que siempre quiso ser y hacer.

Es cuando aparecen pensamientos recurrentes de “estoy más viejo” o “la música que escucho ya nadie la conoce”, mientras cada vez es más frecuente que los jóvenes los traten de “señor”. Todo esto acompañado de una serie de cambios físicos y orgánicos, que van marcando la declinación inexorable del cuerpo. Pero el detonante de la crisis de la edad media no es algo que tenga que ver con el cambio de década: puede ser a los 30, a los 40, a los 50, no existen límites claros, la idea subyacente será la misma y tan normal como necesaria. El que las personas se depriman cuando abandonan una década, dice el psiquiatra Alfonso Pola, (citado por Nolen, 1984) guarda relación con las presiones sociales y culturales por mantenerse joven y saludable y no con la crisis misma.

“Una crisis normativa es el momento en el cual las circunstancias internas (biológicas y psicológicas) y externas, hacen necesaria una nueva adaptación. En la edad media, se pone a prueba la capacidad para desarrollar intimidad, para establecer relaciones duraderas y profundas. Es cuando quedan de manifiesto las diferencias y errores de cada uno”, explica Pola (citado por Nolen, 1984).

¿De qué depende que esta crisis se desate antes o después?

En forma genérica, se puede decir que si la persona no ha superado bien la crisis de la adolescencia, lo más probable es que el cuestionamiento surja apenas se inicien la década de los años treinta.

Sea como sea, el período de la andropausia, siempre implica un proceso doloroso pues –de una u otra forma- la persona está enfrentando un duelo: la pérdida de la juventud. Una crisis existencial genera primero ansiedad e incertidumbre. Es cuando, a menudo, surgen los estados depresivos, pues la persona no sabe cómo dar respuesta a preguntas que aún no tiene muy claras. Después se echan a andar los mecanismos de defensa y de éstos dependerá si la crisis se asume y elabora correctamente o bien, se niega (convenciéndose a sí mismos que no ocurre nada) o se quedan “fijadas” en ella, tratando de recuperar todo lo perdido.

En esta etapa juega un rol decisivo lo que sucede con los padres, pues las enfermedades se vuelven más frecuentes y, muchas veces pasan a depender económicamente de los hijos. Es ahí cuando se produce un fenómeno de identificación que tiende a agudizar el conflicto: “Esto les está pasando ahora a ellos, pero en algunos años me pasará a mí”, se piensa. Todo esto deriva en una crisis, en que todo lo que parecía tan sólido, ya no lo es, incluyendo trabajo y relación de pareja.

“El enfrentarse de mala manera a estas crisis puede provocar situaciones desastrosas en la identidad de la persona, se desestabilizan matrimonios, se abandona a los hijos, se recurre a un cambio de imagen, ya sea en el corte, tinte del pelo o usando vestimenta exageradamente juvenil. Las expectativas idílicas pertenecen a los adolescentes, pero los adultos en crisis no logran comprenderlo conscientemente” (Rage, 1997).

A los 50, ya no se intenta recobrar (por lo general) la juventud de manera tan urgente, se enfrenta la vida y la muerte como algo más natural y la crisis se refiere a los logros conseguidos y a la proyección a futuro.

Sea cual fuere la naturaleza de los ajustes que se adopten a partir de la crisis de la edad media, lo cierto es que “la resolución adecuada llevará a un final de vida en que no predomina la amargura, sino la esperanza moderada relacionada con una actitud reflexiva” (Diamond, 1976).

Y para que esta crisis no se convierta en un estado de angustia permanente, que no se prolongue más allá de los seis meses a dos años que debería durar, los especialistas recomiendan primero, que se trata de una etapa necesaria por lo que no hay que desesperarse, sino tratar de reconocer las propias limitaciones y buscar las respuestas dentro de sí mismo (Ostojic, 1999).

Sin duda, este tema tan complejo requiere de abordar más aspectos por lo que en próximo, hablaremos del impacto que genera en la pareja y de los arquetipos que definen la vivencia de la andropausia en el hombre.

Bibliografía

Carruthers, M. (1976). Maximizando la virilidad. 39-40. Andropausia y la crisis de la edad intermedia. (On line) Disponible en: http://www.el-pene.com/andropause.html (14/02/06).
Cuelli, J. (1981). Teorías de la personalidad. México, D. F.: Trillas
Diamond, J. (1976). “Teorías de la crisis de la Edad Intermedia masculina. El psicólogo Consejero. Vol. 6, pp. 2-9.
Evans, I. R. (1975). Diálogos con Eric Ericsson. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica.
Lozoya Gómez J. A. (1999). Hombres por la igualdad. (on-line) Disponible en: http://www.hombresigualdad.com/masculinidad_salud.htm (15/12/05).
Nolen W. A. (1984). La crisis del hombre maduro. México, D. F.: Javier Vergara.
Ollari J. A. (1999). “Declinación cognitiva y deterioro cognitivo. Envejecimiento normal y enfermedades de la senencia”. Revista Neurológica Argentina. Vol. 2, pp. 234-246.
Ostojic V. (1999). “La remezón de la edad media”. Qué pasa. (On line) Disponible en: http://www.quepasa.cl/revista/1496/l.html (13/02/06).Pearson, C. (1992). Despertando los héroes interiores. Madrid, España: Guía.
Rage, E. (1997). Ciclo vital de la pareja y la familia. México, D. F.: Social Sciencie. Universidad Iberoamericana.
Rosalez E. del C. y Rojas P. (2000) “Andropausia y sexualidad”. (On line) disponible en: http://colombiamédica.univalle.edu.co/Vol31No1/andropausia.html (14/03/06).
Walkman, K. y Rubalcava, L. (2005). “Psychotherapy with intercultural couples: a contemporary psychodynamic approach. American Journal of Psychotherapy. Vol. 59 (3) pp. 12-28.

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